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Análisis económico · Argentina

Economía4.0

Blog de Economía del Lic. Ricardo Silvio Gallo

Opinión

Apuntes sobre las doctrinas económicas (8): El estructuralismo

Por Lic. Ricardo Silvio Gallo ·

Informe de Susana Lustig del 16/11/20. En la 8va edición de esta serie de notas sobre doctrinas económicas se inserta el enfoque de la Teoría Estructuralista. En las anteriores hicimos mención a las escuelas más importantes: fisiócratas, mercantilistas, clásicos, neoclásicos, keynesianos, marxistas, poskeynesianos y monetaristas. Ahora trataremos sobre las principales ideas del estructuralismo. Ver el link:


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1) La génesis del subdesarrollo

Hacia fines del siglo XVIII se produce el surgimiento de un núcleo industrial dinámico en

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Europa, particularmente en Inglaterra, proceso conocido como la Revolución Industrial . Este núcleo dinámico empezó a funcionar como el corazón de la economía mundial, caracterizando y condicionando el funcionamiento de todo el sistema, de la región y del resto del mundo, con un doble propósito: abastecerse de materias primas y abrir mercados para la exportación de sus productos.

Se trataba de establecer lazos para proveerse de insumos producidos en países periféricos para lo cual fue necesario ocupar territorios o radicar capitales en estos países, para infraestructura y empresas (el ferrocarril en Argentina es un claro ejemplo). Esta radicación de capitales ingleses implicaba contratar trabajadores, integrando a parte de la población al sector productivo y constituyendo un mercado interno consumidor de la producción inglesa importada. Es decir, los países periféricos accedían a divisas (libras esterlinas) a partir de vender materias primas a Inglaterra, las cuales se utilizaban para comprarle a éste productos manufacturados.

Se ocupaban tierras que contaban con recursos naturales, donde el objetivo era el de vincular al polo inglés con esas regiones para abastecerse de estos recursos. Un ejemplo de ello fue la expansión a regiones semi-desocupadas como Canadá, Australia o al este de EE.UU. En estos casos la población aborigen local fue diezmada y reducida a una mínima expresión

Podría decirse que Inglaterra puso una “sucursal” de su capitalismo en estos lugares. Esta radicación de capitales dio como resultado actividades económicas con alta productividad y altos ingresos, con patrones de consumo capitalistas y modos de producción también capitalistas, logrando un proceso de desarrollo similar al del núcleo dinámico (Inglaterra).

La otra variante se dio cuando Inglaterra estableció vínculos con regiones ya ocupadas y con organizaciones económicas precapitalistas, por ejemplo América Latina, donde el objetivo del núcleo también era obtener materias primas. En estos casos, las economías quedaron conformadas con un sector dinámico, inserto en el comercio mundial (que en este momento consistía básicamente en exportarle materias primas a Inglaterra e importar productos elaborados por dicho país), y otro sector “arcaico” o precapitalista, que producía para su autoconsumo, en el cual no había aumento de la productividad ni mejora de los ingresos.

En ambos casos redundó en la conformación de economías duales, con un sector moderno, productivamente inserto en el comercio mundial con hábitos de consumo capitalista (propios del sector dinámico) y otro sector con niveles de productividad bajos por su estructura productiva heterogénea, y niveles de ingreso bajos. Esto fue lo que se denominó “subdesarrollo”, economías cuyo sector dinámico no surgió por un avance propio, sino que el mismo vino desde afuera y promovió una estructura productiva y social desequilibrada y que funcionaba en base a los intereses del centro (obtención de recursos desde la periferia).

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Fuentes de esta nota: Introducción a la Economía Argentina Una visión desde la periferia (G. F. De Santis), Fundamentos de Economía (Costa, Langer y Rodríguez), https://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/8559/02-meza-esc14-2016.pdf https://economia4punto0.files.wordpress.com/2020/10/179-clasicos.pdf

Se conformaron así economías híbridas con dos sectores, uno capitalista y otro precapitalista, es decir, lo que los economistas estructuralistas denominaron economías duales, con un sector inserto en los flujos comerciales y otro de economía de subsistencia.

Esa estructura productiva y social desequilibrada es la que explica, y ha explicado, el problema de la restricción del sector externo en la economía Argentina. Cabe remarcar aquí el efecto de la “divergencia social” generada luego de la irrupción del país central, ya que muchas veces sólo se contempla la heterogeneidad estructural como causa de la pérdida de reservas monetarias, y se deja de lado la influencia de haber heredado los patrones de consumo del “centro”.

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En conclusión, tal y como lo planteaba Celso Furtado , el subdesarrollo no es un estadio transitorio hacia la industrialización y el bienestar social, sino que es un proceso comprendido por múltiples raíces estructurales y complejas en una relación global.

2) Características del subdesarrollo

La teoría estructuralista parte del diagnóstico de que las economías subdesarrolladas tienen un origen y una serie de características distintas a las desarrolladas y, por lo tanto, se debe hacer un esfuerzo de construcción teórica particular para entender problemas propios de estas economías e intentar superarlos. El subdesarrollo no es una fase del desarrollo, porque la periferia no puede reproducir las condiciones y experiencias de los centros, como consecuencia de las divergencias de los procesos técnicos y de las formas de división del trabajo

Según Furtado la denominación de subdesarrollo refleja características distintivas:

  • Países pobres, para quienes hacen hincapié en la distribución del ingreso entre países y también entre ricos y pobres de un país;
  • Países en vías de desarrollo, para quienes estos países se encuentran en el camino hacia el desarrollo ya sea en forma continua o a través del cumplimiento de sucesivas etapas;
  • Países no industrializados, para quienes el sector secundario tiene una importancia definitiva y
  • Países subdesarrollados, para quienes consideran a estos países con una situación estructural e institucional característica que es necesario modificar para aspirar a una situación mejor.

O sea, sobre un determinado hecho, (en este caso el subdesarrollo), existen siempre distintas visiones y distintas explicaciones, todas ellas respondiendo a distintas concepciones ideológicas.

En síntesis se pueden agrupar esos enfoques sobre la cuestión del subdesarrollo en dos alternativas: el enfoque evolucionista y el enfoque de cambio social.

a) La concepción evolucionista del proceso económico se enmarca dentro de la teoría neoclásica y considera la evolución económica como un proceso de mutación gradual, espontánea y continua.

Actualmente, dentro de esta concepción se enmarcan las ideas de la convergencia, esto es, se considera que en el largo plazo todos los países progresan, pero que las diferencias entre los más avanzados y los menos avanzados se van reduciendo. Este fenómeno estaría ocasionado por la posibilidad que tienen los países menos avanzados de copiar los adelantos técnicos logrados por los países más avanzados (derrame), aunque esto sea posible con algunos períodos de rezago desde el momento en que se generó el adelanto se considera que copiar es más rápido que innovar.

3 Celso Monteiro Furtado (1920-2004) fue uno de los economistas más influyentes en la historia brasileña y latinoamericana. Su trabajo se centró en el desarrollo y el subdesarrollo, y en la persistencia de la pobreza en los países periféricos de todo el mundo. Se le considera, junto con Raúl Prebisch, como uno de los principales formuladores del estructuralismo económico.

b) Proceso de cambio social. Para este enfoque alcanzar el desarrollo exige transformaciones profundas y deliberadas en la estructura económica, social e institucional, capaces de modificar esencialmente el funcionamiento de estas economías, ya que se considera que estos países se distancian cada vez más de los países avanzados.

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Por un lado Sunkel y Paz (1970) sostienen que, para la primera concepción, los países subdesarrollados tienen una situación de atraso respecto a los otros, como si se tratara de una carrera en la cual unos están más adelantados que otros, pero donde todos compiten en una misma pista, persiguiendo la misma meta con idénticas reglas de juego y sin relaciones de ningún tipo entre competidores.

Para el otro enfoque estructuralista, las economías desarrolladas tienen una configuración estructural distinta a la que caracteriza a las subdesarrolladas, ya que la estructura de estas últimas es, en medida significativa, una resultante de las relaciones que existieron históricamente y aún perduran entre ambos grupos de países. Se trata de competidores de género diferente, que corren por pistas de diferente naturaleza, con objetivos disímiles y con distintas reglas de juego, pero impuestas en gran medida por uno de los grupos de competidores.

En otras palabras, los mecanismos de acumulación, de avance tecnológico, de asignación de recursos y de distribución del ingreso son diferentes y es este punto el que debe ser acentuado.

La crisis de 1930 también trajo consecuencias a los países subdesarrollados. Su perfil primario exportador, en base a lo cual estaban insertos en el comercio mundial, perdió relevancia, ya que los países desarrollados llevaron adelante políticas de autoabastecimiento, lo que quitó relevancia a los subdesarrollados.

Además, los acuerdos de Bretton Woods de 1944 dejaron a las claras que el mundo se organizaba en sus aspectos comerciales, monetarios, productivos y tecnológicos de acuerdo a los intereses de los países avanzados. En este contexto surge el pensamiento económico estructuralista latinoamericano que va a caracterizar a los países de AL como subdesarrollados, o sea, en el plano internacional condicionados porque el mundo está dividido en “centro y periferia” y está organizado su funcionamiento acorde a los intereses del Centro.

Y, además, porque los países periféricos tienen dependencia tecnológica y atraso industrial, que no es superado por el libre funcionamiento del mercado, con lo cual se impone impulsar políticas de largo plazo que den como resultado un sólido proceso de acumulación de capital, avance tecnológico, capacitación de sus recursos humanos e industrialización.

3) Propuesta estructuralista

Se pondera que la corriente estructuralista latinoamericana, también denominada, en el mundo académico y de las organizaciones internacionales como el sistema de ideas

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Prebisch -CEPAL, es una verdadera contribución a la economía política internacional, en la medida en que esta disciplina sostiene una nueva visión del mundo internacional. Además, porque plantea una teoría sobre la dinámica de cambios estructurales en los procesos de la economía política internacional.

Gráfico o imagen disponible en el informe en PDF.

El surgimiento en AL de un pensamiento económico y de relaciones internacionales, propio, original, fundado en una interpretación sistémica, estructural e histórica de las causas del subdesarrollo de nuestros países y, consecuentemente, la formulación de propuestas para superarlo, se produce en un momento en que hay un vacío en el pensamiento económico de los centros, cuando la crisis de los años 30, como dijimos, demolió la visión neoclásica e instaló, en su lugar, el paradigma keynesiano, que legitimó lo que posteriormente sería clave en la formulación del pensamiento estructuralista: la intervención del Estado.

Bien entrado el siglo XX los países podían dividirse en desarrollados y subdesarrollados,

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potencias dominantes y países dominados, y de “centro” o periferia” , y así aparece justamente para estudiar este problema (el subdesarrollo) la corriente estructuralista, en países como Chile, Brasil y Argentina. Por eso entre los economistas más destacados adherentes a estas ideas están los antes nombrados, todos ellos reunidos en torno a la Comisión Económica de América Latina CEPAL.

En oposición a la idea vigente en los medios liberales ortodoxos que aceptaban la premisa fundamental de la teoría del mercado acerca de las ventajas comparativas de la división internacional del trabajo, Prebisch afirmaba que las relaciones económicas entre el centro y la periferia tienen a reproducir las condiciones de subdesarrollo y a aumentar la distancia entre países desarrollados y subdesarrollados, porque los países centrales se apropian de la mayor parte de los frutos del progreso técnico. Para aportar evidencias mostraba la tendencia al deterioro de los términos de intercambio entre los bienes primarios y los manufacturados. Prebisch enumeraba 3 factores causales de esta estructura generadora de diferencias crecientes:

1) la tasa de crecimiento de la productividad en la producción manufacturera es más alta que en la producción de bienes agrícolas;

2) el aumento de la productividad debería trasladarse a los precios de los productos industriales a través del menor valor agregado a cada unidad producida;

3) sin embargo, como en los países industrializados existe presión sindical para mantener el nivel de los salarios, y la producción industrial se organiza en forma tal que los oligopolios defienden su tasa de ganancias, los precios no bajan proporcionalmente al aumento de la productividad.

Por esa razón, la característica que asumían estos países dependientes era (y sigue siendo) el subdesarrollo en base a:

  • escaso desarrollo del sector industrial,
  • abundancia relativa de trabajadores no calificados,
  • dificultades para mantener un nivel de crecimiento adecuado,
  • sujeción a las circunstancias de los mercados internacionales,
  • dependencia de los saldos del comercio exterior,
  • alto grado de concentración de la propiedad del capital y los recursos naturales.

En forma similar a la teoría Keynesiana, el estructuralismo analiza la economía a través de los grandes agregados como Producción, Consumo, Inversión, Gasto, etc. Se parte de la concepción del sistema económico, o sea, desde la totalidad para poder derivar en el análisis de algunas de sus partes. Pero, en contraposición a ésta, el punto de partida es el análisis estructural de las economías como sistemas productivos-distributivos que pertenecen a cada sociedad con características históricamente determinadas diferentes a la de los países desarrollados.

En ese sentido, el estructuralismo modificó los modelos de crecimiento predominantes en esos momentos en diversos aspectos:

  • En el plano macroeconómico fue el de prestar especial atención a la limitación impuesta por la disponibilidad de divisas de los países subdesarrollados. El acceso a las

Prebisch redactó un conjunto de documentos que serían referencia ideológica y analítica de los estructuralistas latinoamericanos.

divisas más que el ahorro interno es el factor determinante del crecimiento económico en los países de la periferia (la llamada restricción externa).

  • En los países latinoamericanos las exportaciones son poco diversificadas y predominantemente de origen primario y, por ende, los ingresos derivados de éstas, insuficientes para comprar las importaciones necesarias para el crecimiento.
  • Seguir los lineamientos clásicos del comercio libre con especialización en los productos primarios sería menos eficiente que desarrollar un sector manufacturero interno. La estrategia de industrialización traería consigo la incorporación de tecnología nativa y capacitación de la fuerza laboral, además de conseguir un desarrollo autónomo.
  • Estas condiciones estructurales abonaron a favor de una presencia fuerte del Estado. En esta concepción el desarrollo no es una tendencia natural sino una consecuencia de la política que se siga. El Estado debe planificar, gobernar la acumulación de capital y dirigir la inversión productiva tanto en infraestructura como en grandes proyectos industriales.
  • El estructuralismo es una teoría latinoamericana de desarrollo a largo plazo, pero que también dio respuesta a problemas de corto plazo, como la inflación, enfoque en el cual se distanció de la doctrina neoliberal-monetarista que propugna la disminución de la emisión monetaria. Para los estructuralistas, la reducción de la demanda inducirá reducciones primordialmente en el producto y no en los precios.
  • El desarrollo y el subdesarrollo podían comprenderse como estructuras parciales pero interdependientes, que conformaban un sistema único.

Todo lo anterior introducía otra idea, la dependencia. Esta permite contemplar la situación interna de los países dependientes como parte de la economía mundial. No se trata de que ambas economías (las centrales y las periféricas) estén separadas, sin un vínculo estructural que las englobe. Todo lo contrario. Se trata de una relación de interdependencia, que se da entre dos o más economías, y entre éstas y el comercio mundial, pero en la cual la economía de los países dominantes puede expandirse y ser autosuficiente, mientras que las economías de los países dominados sólo pueden hacer lo anterior como un reflejo de tal expansión.

4) Un ejemplo práctico estructuralista: el estado desarrollista

En la década de 1950, politólogos y economistas brasileños definían al “desarrollismo” como un conjunto de ideas políticas y estrategias económicas que impulsaban la rápida industrialización del Brasil y sustentaban la coalición de clases sociales en pro del desarrollo

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nacional. Hélio Jaguaribe señaló a principios de los años 60 que la tesis central del desarrollismo era que la promoción del desarrollo económico y la consolidación de la nacionalidad constituían dos aspectos interrelacionados de un único proceso emancipatorio. Gracias al “desarrollismo nacional”, como se estaba intentando en esos años en Argentina con el “frondo-frigerismo” (en otro marco político), crecían una serie de países gracias a la adopción de una estrategia de desarrollo sustentada teóricamente en una combinación de “teoría estructuralista del desarrollo con concepciones keynesianas de la macroeconomía”. En estos países se combinaba la intervención estatal con un sector privado dinámico, y tenían como modelo al Japón.

Ellos sostenían que el desarrollo económico es un proceso histórico de aumentos de la productividad y los salarios derivados del empleo de mano de obra cada vez más calificada o sofisticada en actividades con un mayor valor agregado per cápita.

Agregaban que era el resultado de una coalición de clases que agrupa a políticos y funcionarios públicos con los empresarios encargados de la inversión y la innovación. En este contexto, el estado desarrollista tradicionalmente ha sido y debe seguir siendo una institución central orientada al desarrollo, ya que es el Estado el que garantiza y regula otra institución igualmente fundamental: el mercado, que es una institución meramente económica.

Helio Jaguaribe de Mattos (1923-2018) fue un sociólogo, politólogo y escritor brasileño.

Así el estado desarrollista, que se ubica entre el estado liberal y el estatismo, es una forma superior de organización económica y política capitalista.

Todas las revoluciones industriales han tenido lugar en el marco de estados desarrollistas, cuando un grupo de políticos nacionalistas han logrado formar un estado-nación que se industrializó. Esta fase siempre está dominada por el Estado, que logra regular un mercado amplio y vasto, en el que las actividades del sector competitivo de la economía (que son ahora más diversas y conllevan un mayor grado de creatividad e innovación) pueden coordinarse ventajosamente por el mercado.

Pero el Estado debe seguir siendo desarrollista, y así suele suceder, porque es responsable de coordinar el sector no competitivo de la infraestructura y de la industria básica, poner en práctica una política macroeconómica activa (lo que incluye una política de tipo de cambio), reducir la desigualdad económica y proteger el medio ambiente. Se trata de un conjunto de actividades que el mercado no puede llevar a cabo.

Sin embargo, pese al extraordinario éxito de esos países en ese periodo histórico, a lo largo de 30 años de capitalismo neoliberal (1979-2004) el “desarrollismo” fue maltratado en términos despectivos, sinónimo de irresponsabilidad fiscal o populismo.

5) Conclusiones

Actualmente, la evolución del capitalismo, en fase de “globalización”, a la vez que ha generado nuevos elementos de articulación, dependencia y subordinación, a través de la aplicación de la técnica y la reproducción del capital a escala global, expone que los desafíos de las sociedades periféricas para su progreso económico son más complejos y profundos. No obstante, el problema sigue siendo el mismo desde hace cinco siglos: cómo desarrollarse en un mundo global.

Este es un aspecto importante del trabajo intelectual de los autores neoestructuralistas (los que hacen su aporte en forma más contemporánea), descifrar la falacia ideológica que escuda las condiciones actuales del capitalismo global a partir del uso del término globalización.

Autores como Aldo Ferrer, Luciano Tomassini, Mario Rapoport, Raúl Bernal-Meza y otros, echaron luces sobre una visión que intentó identificar a la globalización como una categoría sistémica superadora del capitalismo clásico e histórico. A través de sus trabajos, en ésta su actual fase, han demostrado que la relación centro-periferia, ampliada con la incorporación de la categoría intermedia de semiperiferia, sigue siendo la matriz que permite comprender las características de la economía internacional y las relaciones entre desarrollo y subdesarrollo.

Además abordaron la globalización en relación a los ciclos económicos y sus aspectos económicos y financieros, analizando el papel de los movimientos de capitales, de las empresas transnacionales y el efecto de las innovaciones tecnológicas.

Por tales razones, se considera que el estructuralismo latinoamericano, como el reciente neoestructuralismo, han realizado una contribución decisiva para pensar el mundo de la economía política internacional desde la periferia.

Continuará con el neoliberalismo

Texto extraído del informe adjunto. Los gráficos y el formato original están en el archivo PDF.

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