Informe de Lidia Lopujova del 05/11/20. Esta es la 5ta edición de una serie de notas que ponen énfasis en las principales teorías o doctrinas económicas. En las anteriores hicimos mención a los fisiócratas, mercantilistas, clásicos, neoclásicos y marxistas. Ahora trataremos sobre las principales ideas de los llamados keynesianos. Ver el link:
Apuntes sobre las doctrinas económicas (5): Los keynesianos
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Esta es la 5ta edición de una serie de notas que ponen énfasis en las principales teorías o doctrinas económicas. En las anteriores hicimos mención a los fisiócratas, mercantilistas, clásicos, neoclásicos y marxistas. Ahora trataremos sobre las principales ideas de los llamados keynesianos.
1) Introducción
“El capitalismo es la creencia asombrosa de que el más malvado de los hombres hará la más malvada de las cosas para el mayor bien de todos” (J.M. Keynes)
Al final de la 1era guerra mundial se inicia en los países desarrollados una época de crisis políticas muy agudas que le ponen freno a los sistemas democráticos con el surgimiento de regímenes autoritarios a nivel mundial. Además el movimiento obrero tomaba fuerza en todos los lados presionando por cambios políticos y sociales, y al mismo tiempo los grupos financieros e industriales clamaban por que los gobiernos protejan sus intereses.
En ese marco se inicia en 1929, en EEUU, lo que se llamó la “gran depresión”, crisis que golpeó a la mayoría de los países capitalistas. Altas tasas de desempleo y recesión que
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duraron varios años y contagiaron a todo el mundo (excepto la URSS ). Los conceptos
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dominantes en esa época no tenían herramientas para enfrentar la situación . Por ejemplo Pigou, un economista neoclásico, opinaba que mientras hubiera desocupación los salarios tenderían a la baja, lo cual reduciría la demanda de dinero y por ende la tasa de interés. Eso motivaría a los empresarios a invertir, con lo que se recuperaría el empleo y con ello el mercado de trabajo se ajustaría en forma automática.
Hacía varios años que las escuelas económicas no tocaban la problemática del valor, y por lo tanto del crecimiento y desarrollo. Entonces en 1936 aparece oportunamente el economista inglés John Maynard Keynes (1883-1946) con su obra “Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero”. Su aporte fue poner la piedra basal de lo que fue una
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nueva teoría que con el tiempo se llamó “macroeconomía” .
Porqué eso de “Teoría General”? Dice Keynes; “los postulados de la teoría clásica sólo son aplicables a un caso especial de todas posiciones posibles de equilibrio: el pleno empleo”.
Es decir su posición era la de contrastar abiertamente con la escuela neoclásica que dominaba el pensamiento económico de la época y era la que sostenía los siguientes postulados: tendencia automática hacia el equilibrio de los mercados, un sistema de libre mercado que distribuye eficientemente los recursos, productores y consumidores cumplen con sus planes (maximizar beneficios y utilidades), imposible que exista despilfarro de los recursos y si ocurre es porque no se deja actuar libremente al sistema de mercado.
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Fuentes de esta nota: Introducción a la Economía Argentina Una visión desde la periferia (G. F. De Santis), Fundamentos de Economía (Costa, Langer y Rodríguez), Conociendo a Lord Keynes (Isidro Santillán), Los Profetas de la Felicidad (A. Mic), https://economipedia.com/historia/historia-del-pensamiento-economico.html y https://economipedia.com/historia/economia-clasica.html 2 Bailarina del ballet ruso se casó con Keynes en 1925. El autor de la Teoría General era integrante del grupo intelectual Bloomsbury, muy avanzados para su época, quienes consideraban que la homosexualidad no era incompatible con el matrimonio, 3 La URSS estaba creciendo fuertemente desde la revolución bolchevique bajo el impulso del “primer plan quinquenal” diseñado dentro del esquema de la planificación estatal. Eso tenía su importancia respecto a las repercusiones de la crisis en los países capitalistas desarrollados ya que en alguna medida eso se introdujo en la discusión de cual era el mejor sistema para proporcionar mejor nivel de vida a la población. 4 Cuando Keynes publicó su Teoría general en 1936, la influencia de la economía de libre mercado en la formulación de políticas ya había disminuido. Con el New Deal varios países se apartaron de la ortodoxia económica. Sin embargo, no hubo un declive correspondiente para la economía neoclásica en el ámbito académico, al contrario el prestigio de la economía de libre mercado todavía estaba cerca de su zenit. Reservando el término “microeconomía” para los neoclásicos.
La teoría keynesiana, al contrario, sostenía que la posición neoclásica era solamente un caso particular de su teoría general y un caso extremo en la economía real, muy difícil que ocurra en la práctica. En el fondo el objeto de Keynes no era destruir a los neoclásicos sino adaptar sus postulados a una realidad caracterizada por el desempleo y los conflictos sociales. Apuntaba a una reestructuración adecuada del capital en el marco de una nueva situación histórica.
Keynes decía que esos desequilibrios podían ser fatales sino se aplicaban medidas correctivas. En ese estado de cosas el capitalismo tenía serias limitaciones para brindar oportunidades de trabajo a toda la población y brindar ingresos como para satisfacer sus necesidades básicas. Cuando hay recesión y expectativas de ventas futuras en caída, los empresarios disminuyen su inversión, eliminan puestos de trabajo y con ello se produce una caída del consumo, que promueve más recesión, que a su vez profundiza la recesión inicial. Se produce una espiral recesiva que genera una crisis fatal y que debe ponerse fin en forma inmediata.
Cómo evitar eso? Era necesaria la acción del Estado para conducir la economía por el sendero del crecimiento. Eso trajo aparejado grandes cambios políticos, aunque muchos de ellos no fueron del gusto de los grupos sociales y económicos hegemónicos.
Los neoclásicos batallaban por la idea del equilibrio a largo plazo, pero eso no reducía los problemas de la gente, sobretodo en tiempos de convulsión social como en la época de la gran crisis. El largo plazo atentaba contra la vigencia del sistema. De ahí sale su famosa frase: “en el largo plazo todos estamos muertos”.
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Qué es lo que queda de Keynes en el plano conceptual? Colander y Landreth , en 1996, argumentaron que la revolución keynesiana tiene tres componentes: una revolución política, una revolución teórica (o intelectual) y una revolución de los libros de texto. Explicaremos a continuación las ideas principales de una teoría que de por sí es compleja porque está diseñada como crítica a la teoría dominante. Siempre tratando de hacer eje en los conceptos más “revolucionarios” aunque dejando por sentado desde el inicio que, a pesar de la frase del 1er párrafo de esta nota, lo de Keynes estuvo lejos de ser una verdadera revolución.
2) La preferencia por la Liquidez
Este fue uno de los hallazgos fundamentales de Keynes y que le fue útil para rebatir la Ley de Say. Mucha gente puede preferir ahorrar en efectivo sin poner el dinero en un banco y no ganar ningún interés (como durante la pandemia). Por eso la tasa de interés es la recompensa por privarse de liquidez, de esta forma, la tasa, no sería algo que iguala ahorro e inversiones, sino el vínculo entre el deseo de conservar dinero en efectivo (lo que Keynes llama “preferencia por liquidez”) y la oferta de dinero.
Una condición extrema de esa preferencia sería la “trampa de liquidez” (la gente prefiere tener todo el incremento de la oferta de dinero en efectivo). Es lo que se llama aumento de la demanda por motivo precaución o especulación.
Entonces Keynes subraya que la demanda de dinero puede tener distintos orígenes. Si bien admite que la demanda de fondos puede ser para inversión o consumo (motivo transacción), también señala el “motivos precaución” (atesoramiento por incertidumbre al futuro) y el “motivo especulación” (retención de dinero para obtener mayores ganancias en el futuro).
A su vez la tasa de interés estaría regulada por la oferta y demanda de dinero, y no por el equilibrio entre consumir en un futuro (ahorro) o consumir hoy (inversión). Si la tasa baja, puede que esto no tenga ningún efecto sobre la inversión, porque la inversión depende de la eficiencia marginal del capital (expectativa de ventas y ganancias futuras de los empresarios). Si esa medida de eficiencia disminuye a la par de las tasas de interés es
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porque hay dudas sobre el futuro, el mercado está deprimido, y a pesar de esa baja de tasas los empresarios no toman nada de la creciente masa de dinero.
3) La determinación de la tasa de interés
Los neoclásicos consideraban que la tasa de interés era el igualador de ahorro e inversión, en cambio para Keynes la tasa es resultado de la confrontación entre demanda y oferta de dinero.
Como observamos para Keynes el dinero desempeña diversas funciones: la de medio de cambio, denominador común y reserva de valor. De estas tres, la función de acumular valor es la que tiene más implicancias para la economía monetaria que define Keynes. Él sostiene que las personas mantienen riqueza de distintas formas como son: atesorar dinero (en cajas de seguridad, cajas fuertes, etc.), prestar dinero (depositarlo en los bancos, adquirir obligaciones negociables, etc.) o invertirlo (adquirir algún bien de capital o acciones, etc.). Apunta que el dinero puede ser la forma más segura para acumular riqueza en situaciones de incertidumbre sobre el futuro (motivo especulación o precaución.
Como el dinero acumulado de la primera forma es estéril (atesorar dinero) y las otras alternativas de riqueza producen rendimiento en forma de interés o beneficio, tiene que haber un motivo especial de porqué la gente prefiere, a veces, acumular riqueza estéril en forma de dinero y no en las formas que producen rendimiento.
Cuando los poseedores de riqueza expresan en general una preferencia por atesorar dinero más bien que por prestarlo o invertirlo, la producción de riqueza social real se ve afectada. Esta preferencia por la posesión de dinero, más bien que por la posesión de riqueza rentable, solo existe en un grado importante en un contexto en el que el futuro económico es incierto.
El tipo de interés depende de la intensidad del deseo de atesorar, o de lo que dijimos Keynes llamaba preferencia de liquidez. Cuanto mayor es la preferencia por la liquidez; menos cantidad de depósitos recibirán los bancos por lo que tendrán menos dinero para prestar. Si los bancos tienen poco dinero para prestar aumentarán el interés a cobrar por préstamos. Pero cuando el precio que hay que pagar por el dinero se eleva, muchos tipos de negocios nuevos que podrían emprenderse a tipos de interés más bajos no se ejecutan. Por lo tanto, un aumento de los tipos de interés tiende a reducir la demanda efectiva: las familias no se endeudan para consumir ni los empresarios para invertir con lo cual se produce una recesión.
También mencionamos que si la tasa es baja los ahorristas conservan sus dineros bajo la forma de liquidez: la célebre “trampa de la liquidez”. Aumentar la oferta monetaria sirve hasta que aparece la trampa de liquidez: nada sirve para movilizar los fondos retenidos por demanda por precaución o especulación. Keynes considera que la oferta de moneda es exógena al sistema determinada generalmente por las autoridades monetarias.
4) Vínculo entre empleo y demanda
Keynes rechaza de plano la idea de que el salario real se fija para atraer al mercado todo el volumen de trabajo necesario. Sostiene que nada garantiza la automaticidad del pleno empleo y que los asalariados reaccionan ante el salario nominal y no ante el salario real,
Uno de los objetivos de Keynes era determinar de qué variables depende el nivel de empleo. Para ello, demostró que la situación normal del capitalismo es la de fluctuaciones en el nivel de actividad económica en donde son más habituales las situaciones con algún nivel de desempleo que la situación de pleno empleo.
Los neoclásicos únicamente admitían el desempleo voluntario y friccional. Si el desempleo persiste es porque el salario se encuentra por encima de su nivel de equilibrio de pleno empleo y solamente cuando se logra la baja de ese salario real se llega al equilibrio. Este era el mensaje “antisindical” de los neoclásicos: el desempleo es responsabilidad de la inflexibilidad a la baja de los salarios.
O sea, ellos entendían que los trabajadores, siempre que exista desempleo, podrían aceptar un salario real menor para encontrar el equilibrio. Pero Keynes demuestra que los trabajadores no pueden modificar a su voluntad el precio de la fuerza de trabajo.
La justificación que usaban los neoclásicos para el desempleo voluntario era que una disminución del salario real hace que los trabajadores verían que la utilidad que les reporta el ocio es mayor que la utilidad del salario, con lo cual podrían tomar la decisión de no trabajar. En una forma más simple es como si en tiempos de inflación los trabajadores abandonaran sus puestos de trabajo, cosa que sabemos nunca sucede. Es cierto que los obreros se resisten a una disminución de los salarios nominales pero nunca abandonan sus empleos cuando baja su poder adquisitivo.
De esta manera Keynes destruye uno de los postulados de los neoclásicos, que se refiere al ajuste automático de la oferta de trabajo: la determinación del salario real y el empleo no se realiza de la libre interacción entre la oferta y la demanda como ocurre en los mercados de bienes. Keynes sostendrá que el nivel de los salarios reales depende de un conjunto de fuerzas sociales y no por convenciones sindicales, y que el nivel de empleo se determina por el nivel de producción y con ello introduce el concepto de desempleo involuntario, es decir aquellas personas que a pesar de querer aceptar el salario real vigente no consiguen empleo.
En esas condiciones nada determina que al nivel de salario real alcanzado, toda la oferta de trabajo llegue a estar empleada. Ésta depende de otra variable distinta: la demanda efectiva.
5) La demanda efectiva
Como los motivos para ahorrar e invertir son diferentes, la tasa de interés no puede funcionar como el regulador entre ambas variables. La acción de ahorrar no es una señal a los productores que sus bienes va a ser realmente demandado en el futuro, al contrario puede ser interpretado como una falta de demanda.
Esta idea da paso a que Keynes desarrolle la denominación de “demanda efectiva” (demanda global de bienes y servicios). Es decir lo que afecta al mercado es la demanda de consumo e inversión realizada y no la demanda hipotética que no llega al mercado. Por lo tanto la existencia de ahorro solo se manifiesta en menor consumo. Ya vimos que en una economía monetaria la demanda de dinero puede manifestarse de distintas maneras, y por lo tanto nada asegura que la gente no quiera quedarse con dinero antes que comprar bienes.
Keynes explica el desempleo, y también la inflación, demostrando que dependen fundamentalmente del volumen de demanda efectiva:
- Cuando la demanda es deficiente los empresarios, al no poder vender toda su producción, disminuyen ésta y con ello la cantidad de gente empleada por lo que se produce el paro; y
- Cuando la demanda es excesiva los empresarios no dan abasto con la producción con lo cual, ante tantos requerimientos, tienden a subir el precio de lo que venden con lo que se produce la inflación.
De esta manera no está garantizado que los empresarios tengan demanda para su producción. Nada asegura que un aumento de la oferta tenga una respuesta similar por el lado de la demanda. Los empresarios van a producir aquella cantidad de producto que consideran pueden colocar en el mercado, lo que implica que van a ajustar su producción a la cantidad demandada de acuerdo con sus expectativas. En este caso deberán ajustar su demanda de factores a esta limitación dando lugar posiblemente al desempleo involuntario.
El volumen del empleo, tanto en las industrias como en el conjunto de las empresas está direccionado por el monto del producto que espera ser absorbido por el mercado. Esta demanda no es exactamente igual a la oferta (como dice la ley de Say), eso puede suceder cuando hay pleno empleo, pero una insuficiencia de demanda efectiva puede detener el aumento de empleo antes que alcance su máximo.
Esa demanda efectiva se compone de las sumas que se espera que la sociedad gaste en “consumo” y nuevas “inversiones”. Ellas son funciones de la propensión a consumir y de la iniciativa para invertir.
Por ejemplo, supongamos que los productores en su conjunto, de acuerdo a sus costos y expectativas de venta, deciden llevar al mercado 100 unidades (de cualquier producto) por un valor total de $100.000 para lo cual ocuparon determinada cantidad de factores. Las familias planearon y demandaron un gasto de consumo de $90.000 de esas unidades, en tanto que el resto $10.000 fue a parar al ahorro.
Ante esta situación, para que se mantenga el nivel de producción y empleo, los empresarios deberían tener planeado un gasto de inversión de $10.000, de manera que se absorban las 10 unidades no vendidas a las familias (gasto de inversión). Si eso no sucede, parte de la producción quedará sin vender y los empresarios recibirán un ingreso inferior a lo que esperaban, por lo cual reducirán la producción y la ocupación, entrando en un proceso recesivo con aumento de desempleo. O sea como quienes ahorran son las familias y quienes invierten son las empresas, dos entes que toman distintas decisiones sobre bases diferentes, nada garantiza que se vayan a demandar las 10 unidades no vendidas.
Entonces de que depende la inversión? Según Keynes el nivel de inversión de las empresas depende de los incentivos a invertir que surgen de la relación entre las tasas de interés del mercado y la eficiencia marginal del capital.
Lo relevante de este análisis es que por primera vez se planteaba que no existe un mecanismo de ajuste automático de los mercados que permita asegurar que el nivel de inversión sea el de pleno empleo. Así el pleno empleo es un “caso especial” en su teoría general y el mismo se da cuando ocasionalmente la inversión es la necesaria para que la demanda produzca un estado de ocupación plena. En cualquier otro punto se llegará a un “equilibrio con desempleo”.
Eso que implica? Keynes sostiene que es lo que ocurre en la mayoría de los casos en la realidad. Supongamos que se producen 100 unidades, 80 para consumo con un ahorro de 20. En ese caso la inversión debería ser de 20, igual al ahorro. En cambio si las empresas tienen baja expectativas de ventas y deciden invertir 10, entonces la economía entra en una espiral recesiva. El producto será de 90, lo que señala que el consumo y el ahorro deben disminuir porque son una proporción del ingreso (que es igual al producto). Por lo tanto la economía logrará un nuevo equilibrio cuando el ahorro sea igual a la inversión, o sea el ahorro sea igual a 10. Esto puede mantenerse ya que existe equilibrio entre consumo, inversión y ahorro, aunque no todos los factores estén ocupados y el desempleo sea una realidad inevitable.
Cómo se supera esta situación? Keynes hace aquí una respuesta simple y contundente. Se debe incrementar algún componente de la demanda (consumo o inversión) como incentivo necesario para que aumente la ocupación. Esto es una afirmación de Keynes que rompe con la tradición neoclásica: los problemas de la economía no vienen del lado de la oferta (los trabajadores) sino de la demanda (los capitalistas). Es el enunciado de Say invertido: no es la oferta que crea su propia demanda, al revés, es la demanda que crea su propia oferta.
La responsabilidad de la desocupación se transfiere de los trabajadores a los empresarios quienes no generan una demanda de bienes de inversión suficiente para generar una economía de pleno empleo. Al mismo tiempo destruye la explicación marginalista que dice que “son los trabajadores quienes al no admitir una baja del salario real producen desocupación”.
Cómo se sale de ese estancamiento? Permitir que la economía se mueva de acuerdo a la expectativa de los empresarios es sujetarla a continuas oscilaciones que atenta contra el crecimiento y el desarrollo. Gestionar la economía sobre la base del libre mercado es quedar a merced de los ciclos económicos, expansivos y recesivos, que atentan contra la estabilidad del sistema.
Ante esa situación la solución keynesiana es suplir esa inestabilidad con un Estado interventor que tome la responsabilidad de administrar el capital social. Es muy conocida la expresión de aumentar el gasto público en momentos de depresión, apuntando con eso a compensar la escasez de demanda para apuntalar la expectativa de los empresarios en un contexto recesivo. En tiempos de crisis nada mejor que el Estado para impulsar la economía y sacarla de una situación de equilibrio con desempleo, en lugar de aplicar recetas neoclásicas y esperar llegar al largo plazo (en el cuál estaremos todos muertos, según Keynes).
Pero el keynesianismo no es solo eso. Si bien la variable clave es la inversión no hay que despreciar las medidas tendientes a fortalecer el otro lado de la demanda efectiva: el consumo. Esto quiere decir que mejorar el consumo puede provenir de un aumento del gasto del Estado como de un aumento de la propensión a consumir aumentada a través de una redistribución de ingresos.
También un incremento de la oferta monetaria que baje la tasa de interés, en algún punto ayudaría con la reactivación siempre y cuando la eficiencia marginal del capital no se mantenga en niveles muy bajos. Aunque a veces el colapso de la eficiencia marginal del capital es tan fuerte que no basta con una reducción de la tasa de interés, sobre todo cuando el pesimismo se abate sobre el mundo empresario (como en estas épocas de pandemia).
De todas formas, la recomendación keynesiana corre para cuando la economía no puede escapar del desempleo. Si no fuera así, si la economía se acerca a una etapa de plena ocupación, lo que el Estado generaría son presiones inflacionarias. Logrado eso, el pleno empleo, la economía alcanza el “caso especial” neoclásico y sus recomendaciones de política serían las adecuadas (según Keynes).
6) La propensión a consumir
Otro de los hallazgos importantes de Keynes. La parte del ingreso canalizada al consumo aumenta en forma menos que proporcional cuando aquél se eleva, en consecuencia el crecimiento del ingreso es acompañado de un crecimiento más marcado del ahorro. Este punto, crucial en el esquema keynesiano, abre las puertas a sectores de izquierda desencantados del marxismo. El igualitarismo aumenta la propensión a consumir y por consiguiente la demanda efectiva y el empleo.
Supongamos una inversión de 100 unidades que las personas reparten según su propensión a consumir, por ejemplo un ahorro de 20 y un consumo de 80. Los 80 irán a manos de otras personas que también los repartirán, por ejemplo de la misma forma 80/20. Así seguirá el círculo hasta que los 100 iniciales se trasformen en un ingreso de 500, repartido en 400 de consumo y 100 de ahorro.
Y= 1/(1-b)*I, donde b es la propensión marginal a consumir e I es la inversión. Al ser b igual a 0,80 el Y al final del ciclo termina en Y=500. Si b fuera de 0,90 más elevado será el producto (1.000).
Por lo tanto cuanto mayor sea la propensión a consumir mayor será el producto y en consecuencia el empleo. Esto que parece simple tiene un corolario muy fuerte, ahora el famoso ahorro no es un comportamiento virtuoso como decían los neoclásicos, al contrario es un freno para el motor económico ya que reduce el multiplicador. Quizás sin darse cuenta Keynes abandona un precepto que es pilar de la moral capitalista.
7) Conclusión
En síntesis, Keynes plantea 2 condiciones que cuestionan el equilibrio neoclásico del ahorro y la inversión: 1) la posibilidad que la economía caiga en una trampa de liquidez, 2) la dependencia de las inversiones de la eficiencia marginal del capital una variable distinta a la tasa de interés.
Aún si la tasa de interés a la baja despierta el interés de las empresas por invertir, puede que no tanga ningún efecto sobre el producto y empleo de la economía. Puede suceder que el incremento en las inversiones produzca una caída en la propensión a consumir de la sociedad, o sea aumenta la inversión pero disminuye en el consumo, con lo cual la demanda efectiva se mantiene constante y no aumenta ni el producto ni el empleo.
También es posible que en una sociedad caracterizada por una gran desigualdad en el reparto de la riqueza, la capacidad económica de la comunidad para consumir sea limitada. Los ricos tienen más ingresos que lo que desean consumir y los pobres tienen tan poco ingreso que su capacidad para el consumo está restringida a límites muy estrechos; como consecuencia, hay una capacidad productiva por encima de lo necesario para producir bienes de consumo.
Keynes, entonces, propone que el sector público realice inversiones para sostener la demanda y generar empleo, en donde lo más importante es que el sector público invierta y lo secundario el destino de la inversión y cómo se financie.
Ante un gasto inicial del sector público no solo obtienen empleo algunos obreros directamente en la construcción de obras públicas, sino que los obreros así empleados gastan su dinero en los productos de las fábricas ya construidas; aumentando así el empleo en estas otras actividades. Este mecanismo de propagación del gasto es lo que Keynes llamó efecto multiplicador.
En síntesis, la importancia de Keynes radica en que no es un economista de la escuela clásica o neoclásica, pero acepta en términos generales la lógica del mercado y estima que es posible regular el sistema y limitar sus efectos perversos. “Juega por adentro” de alguna manera, con las reglas del mercado, pero dando instrumentos y herramientas económicas muy novedosas en su momento, y que fueron utilizadas previamente por ejemplo por EE.UU. para salir de la Gran Depresión de 1929 con el New Deal, que aplicaba básicamente medidas keynesianas.
El referente histórico del keynesianismo es sin duda el capitalismo regulado o humanizado, que surge en Europa después de la II Guerra Mundial, pero que también tuvo expresiones concretas en el mundo en desarrollo. En que se basa la trascendencia de Keynes? Muy sencillo, con Keynes la socialdemocracia, y los gobiernos populares, encontraron el economista que andaban buscando. Por fin había una teoría económica para este variopinto conjunto ideológico.
No confundirse con el 1er párrafo de esta nota que fue incluido con toda intención. También Keynes decía: “Puedo estar influido por lo que me parece ser justicia y buen sentido, pero la guerra de clases me encontrará del lado de la burguesía educada”.
Continuará con los poskeynesianos
Texto extraído del informe adjunto. Los gráficos y el formato original están en el archivo PDF.
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