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Análisis económico · Argentina

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Blog de Economía del Lic. Ricardo Silvio Gallo

Opinión

Trump y su “plan económico”

Por Lic. Ricardo Silvio Gallo ·

Informe de Dany Stratou del 28/02/25.  La estrategia económica de Trump es provocadora y desafiante: lejos de ser un simple populismo proteccionista, su obsesión con los aranceles podría ser solo la primera fase de un plan estructurado para redefinir la economía global. Necesitamos comprender su pensamiento sobre tres cuestiones fundamentales: ¿Por qué cree que el resto del mundo explota a Estados Unidos?, ¿Cuál es su visión de un nuevo orden internacional en el que Estados Unidos pueda volver a ser “grande”?, ¿Cómo piensa hacerlo realidad?. Sólo entonces podremos elaborar una crítica sensata del “plan maestro económico” de Trump. El informe adjunto fue publicado el 28 de febrero pero nos pareció interesante repetirlo ante la trascendencia que adquirió en estos días.


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Trump y su “plan económico”: más que aranceles,

una reconfiguración del orden global

Informe1 de Dany Stratou del 28/02/25

La estrategia económica de Trump es provocadora y desafiante: lejos de ser un simple populismo proteccionista, su obsesión con los aranceles podría ser solo la primera fase de un plan estructurado para redefinir la economía global.

Necesitamos comprender su pensamiento sobre tres cuestiones fundamentales:

  • ¿Por qué cree que el resto del mundo explota a Estados Unidos?
  • ¿Cuál es su visión de un nuevo orden internacional en el que Estados Unidos pueda volver a ser “grande”?
  • ¿Cómo piensa hacerlo realidad?

Sólo entonces podremos elaborar una crítica sensata del “plan maestro económico” de Trump.

  • “El dólar como carga, no privilegio”

Trump parte de una premisa radical: el dominio del dólar en los mercados globales no es un privilegio para EE.UU., sino una carga que destruye su base industrial. Según esta visión, la demanda mundial de dólares mantiene su valor artificialmente alto, lo que hace que los productos estadounidenses sean menos competitivos y que el país importe demasiado y fabrique demasiado poco. Para Trump, esta dinámica es un juego de suma cero: el ascenso económico de China, Alemania o Japón ha sido posible a costa de los trabajadores estadounidenses.

Trump se refiere a “la demanda mundial de dólares como la cantidad de dólares que los países y los inversores de todo el mundo desean poseer o utilizar para realizar transacciones comerciales, inversión o reservas”. Cuando la demanda mundial de dólares es alta, puede tener varios efectos en la economía global:

1. Apreciación del dólar: La alta demanda de dólares puede hacer que el valor del dólar aumente con respecto a otras monedas.

Por ejemplo, si el tipo de cambio entre dólar y euro es de 1 US$=0,88 Euros y luego aumenta a 1 US$=0,92 Euros, significa que el dólar se ha apreciado con respecto al Euro. Esto puede hacer que los productos estadounidenses sean más caros para los compradores extranjeros, lo que reduce las exportaciones de EE. UU.

2. Menos competitividad: La apreciación del dólar puede hacer que los productos estadounidenses sean menos competitivos en el mercado global. Esto se debe a que los productos de otros países pueden ser más baratos y atractivos para los compradores extranjeros:

a) cuando el dólar se aprecia y el precio de los productos de EEUU aumenta para los compradores extranjeros, b) si eso pasa los compradores extranjeros buscaran alternativas más baratas en otros países, c) esto reduce la demanda de productos de EEUU en el mercado global.

3. Impacto en las exportaciones: La alta demanda de dólares y la apreciación del dólar pueden reducir las exportaciones de EE. UU., ya que los productos estadounidenses pueden ser más caros y menos competitivos en el mercado global.

4. Impacto en la economía estadounidense: La reducción de las exportaciones puede tener un impacto negativo en la economía estadounidense, ya que las exportaciones son un componente importante del PIB de EE. UU. El comercio exterior representa el 25% del PIB de EEUU.

En resumen, la alta demanda mundial de dólares puede hacer que los productos estadounidenses sean menos competitivos en el mercado global, lo que puede reducir las exportaciones de EE. UU. y tener un impacto negativo en la propia economía estadounidense. Pero Trump lo sabe y apunta para otro lado.

  • La gran apuesta de Trump: un “anti-Nixon Shock” en 2025

Si Richard Nixon en 1971 rompió el patrón oro desatando la era de la globalización financiera, Trump quiere hacer lo contrario: inducir un choque global para forzar una depreciación del dólar sin perder su hegemonía. Su estrategia consta de 3 fases:

1. Shock inicial con aranceles, generando incertidumbre y forzando a los bancos centrales extranjeros a bajar tasas de interés. La suba de los aranceles de importación aumenta los costos de importación en EEUU de los productos extranjeros y hace que esos productos sean más caros para los consumidores de EEUU. Al mismo tiempo, impacta en la disminución de esas importaciones y aumenta la producción nacional de esos mismo bienes en EEUU al hacerlos más competitivos para el mercado.

Ante la suba de aranceles, una medida que pueden tomar los Bancos Centrales es bajar las tasas de interés, para estimular el crédito al hacerlo más barato y accesible para consumidores y empresas locales, y al mismo tiempo apreciar la moneda local.

2. Negociaciones uno a uno, los aranceles son materia de negociación2 y no el eje del programa. Se exigirá a cada país, según el caso, concesiones distintas: apreciación de sus monedas, más compras de productos y armas de EE.UU., y deslocalización de su industria hacia EE.UU.

Por ejemplo en el caso de México y Canadá se ponía como materia de negociación el control de las inmigraciones indocumentadas y el contrabando de fentanilo (droga opioide sintética) producido en China.

3. Redefinición del orden financiero global, donde EE.UU. mantiene el dólar como moneda de reserva, pero bajo condiciones como las mencionadas que beneficien a su economía productiva o a su orden social.

El plan es audaz, pero enfrenta 2 amenazas críticas:

  • Internamente, si su estrategia funciona y el déficit comercial de EE.UU. se reduce, menos dólares fluirán a Wall Street, lo que podría desatar una crisis financiera que enfrentaría a Trump con su propio electorado de financistas e inmobiliarias.

El déficit comercial de EEUU se financia en parte con la entrada de capital extranjero (cuenta de capital y financiera de la balanza de pagos), es decir con los inversores de otros países en activos financieros de EEUU (bonos de tesoro, acciones, etc.). O sea los inversores extranjeros están comprando activos financieros de EEUU con sus propios dólares.

Si se reduce el déficit comercial (se importan menos bienes y servicios, o se exportan más) la necesidad de financiamiento externo disminuye y por lo tanto menos dólares fluirán hacia Wall Street.

Estados Unidos está sufriendo un enorme déficit presupuestario, y Trump ha dicho que los aranceles compensarán la pérdida de ingresos, en particular, sus recortes de impuestos de 2017, que ha dicho que quiere extender y ampliar. En un discurso de apertura de la reunión anual del Foro Económico Mundial, el mes pasado, Trump predijo que sus aranceles aportarían cientos de miles de millones de dólares, quizás billones de dólares, al Tesoro de Estados Unidos.

En síntesis, la reducción del déficit comercial de EEUU implica:

a) menos necesidad de financiamiento externo, b) menos dólares dirigidos a Wall Street lo que puede afectar los precios de acciones y bonos.

  • Externamente, si China y los BRICS responden con una alternativa al dólar, como se está intentando, podrían acelerar la desdolarización global, rompiendo el poder de EE.UU. sobre el sistema financiero mundial.

Conclusión: No subestimar a Trump

Si logra ejecutar su plan sin que el dólar colapse o que los mercados financieros se rebelen, Trump podría rediseñar el orden económico mundial en favor de EE.UU. Si fracasa, podría provocar el mayor desorden financiero desde la Gran Depresión. En cualquier caso, el mundo no volverá a ser el mismo.

Ante las medidas económicas del presidente Trump, sus críticos centristas3 oscilan entre la desesperación y una fe conmovedora en que su frenesí arancelario se desvanecerá. Suponen que Trump va a seguir resoplando hasta que la realidad exponga la inutilidad de su lógica económica. Pero no han estado prestando atención: la fijación arancelaria de Trump es parte de un plan económico global que es sólido, aunque inherentemente riesgoso.

Los centristas terminaron creyéndose su propia propaganda: que vivimos en un mundo de mercados competitivos donde el dinero es neutral y los precios se ajustan para equilibrar la demanda y la oferta de todo. El sencillo Trump es, de hecho, mucho más sofisticado que ellos, ya que entiende que el poder económico puro, no la productividad marginal, decide quién hace qué a quién, tanto a nivel nacional como internacional.

¿Por qué cree entonces el presidente que EEUU ha recibido un trato malo? Su principal queja es que la supremacía del dólar puede otorgar enormes poderes al gobierno y a la clase dirigente de EEUU, pero, en última instancia, los extranjeros la están utilizando de maneras que garantizan la decadencia de EEUU. Así pues, lo que la mayoría considera un privilegio exorbitante de EEUU, él lo ve como una carga exorbitante.

Trump lleva décadas lamentando el declive de la industria manufacturera estadounidense: “si no tienes acero, no tienes país”. Pero ¿por qué echarle la culpa al papel global del dólar? Porque, responde Trump, los bancos centrales extranjeros no dejan que el dólar se ajuste a la baja hasta el nivel “adecuado”: en el que las exportaciones estadounidenses se recuperan y las importaciones se restringen.

Es natural que los bancos centrales europeos y asiáticos acaparen los dólares que fluyen a Europa y Asia cuando los estadounidenses importan cosas. Al no canjear su reserva de dólares por sus propias monedas, ayudan a sus propios exportadores a aumentar sus ventas a Estados Unidos y ganar aún más dólares. En un círculo interminable, esos dólares frescos se acumulan en las arcas de los banqueros centrales extranjeros que, para ganar intereses de forma segura, los utilizan para comprar deuda del propio gobierno estadounidense.

Y ahí está el quid de la cuestión. Según Trump, la industria manufacturera estadounidense ha estado en declive porque Estados Unidos es un buen samaritano: sus trabajadores y su clase media sufren para que el resto del mundo pueda crecer a sus expensas.

Pero el estatus hegemónico del dólar también sustenta un estado imperial, como Trump sabe y aprecia. Las compras de bonos del Tesoro de Estados Unidos por parte de bancos centrales extranjeros permiten al gobierno estadounidense incurrir en déficits y financiar un ejército descomunal que llevaría a la quiebra a cualquier otro país. Y al ser el eje de los pagos internacionales, el dólar hegemónico permite al presidente ejercer el equivalente moderno de la diplomacia de las cañoneras: sancionar a voluntad a cualquier persona o gobierno.

A juicio de Trump, esto no basta para compensar el sufrimiento de los productores estadounidenses, que sufren los efectos de los extranjeros cuyos banqueros centrales explotan un servicio (las reservas de dólares) que Estados Unidos les proporciona gratuitamente para mantener el dólar sobrevaluado. Esas riquezas importadas benefician a Wall Street y a los agentes inmobiliarios, pero sólo a expensas de la gente que lo eligió dos veces: los estadounidenses del interior del país que producen los bienes como el acero y los automóviles que una nación necesita para seguir siendo viable.

Y esa no es la peor de las preocupaciones de Trump: “Somos una nación deudora. Algo va a pasar en este país en los próximos años, porque no se pueden seguir perdiendo 200.000 millones de dólares al año”. Desde entonces, está cada vez más convencido de que se acerca un terrible punto de inflexión: a medida que la producción estadounidense disminuye en términos relativos, la demanda mundial de dólares aumenta más rápido que los ingresos estadounidenses. El dólar entonces tiene que apreciarse aún más rápido para satisfacer las necesidades de reservas del resto del mundo. Esto no puede continuar eternamente.

Cuando los déficits estadounidenses superen un cierto umbral, los extranjeros entrarán en pánico. Venderán sus activos denominados en dólares y buscarán otra moneda para acumular (como está pasando actualmente con el oro). Los estadounidenses quedarán en medio de un caos internacional con un sector manufacturero en ruinas, mercados financieros en ruinas y un gobierno insolvente.

Este escenario de pesadilla ha convencido a Trump de que su misión es salvar a Estados Unidos: que tiene el deber de inaugurar un nuevo orden internacional. Y esa es la esencia de su plan: llevar a cabo en 2025 un decisivo shock anti-Nixon: un shock global que anule la labor de su predecesor al poner fin al sistema de Bretton Woods en 1971, que encabezó la era de la globalización financiera.

Un elemento central de este nuevo orden global sería un dólar más barato que siga siendo la moneda de reserva mundial, lo que reduciría aún más las tasas de endeudamiento a largo plazo de Estados Unidos. Trump sabe que los mercados nunca lo entregarán por sí solos. Sólo los bancos centrales extranjeros pueden hacerlo por él. Pero para aceptarlo, primero deben ser conmovidos y entrar en acción. Y ahí es donde entran en juego sus aranceles.

Esto es lo que sus críticos no entienden. Creen equivocadamente que él cree que sus aranceles reducirán por sí solos el déficit comercial de Estados Unidos. Él sabe que no lo harán. Su utilidad proviene de su capacidad para sacudir a los bancos centrales extranjeros y obligarlos a reducir las tasas de interés internas. En consecuencia, el euro, el yen y el renminbi se debilitarán en relación con el dólar. Esto anulará los aumentos de precios de los bienes importados a Estados Unidos y afectará mínimamente los precios que pagan los consumidores estadounidenses. Los países que apliquen aranceles estarán, en efecto, pagando por los aranceles de Trump. Como funciona eso?

1. Al reducir el costo del crédito, las tasas de interés más bajas hacen que el crédito sea más

barato para empresas y consumidores, 2. Al mismo tiempo se estimula la demanda interna ya que empresas consiguen crédito más

barato, 3. Se deprecia la moneda local ya que los inversores buscarán mejores rendimientos en otros

países con otras monedas.

4. Esa depreciación hace los bienes exportados más baratos para los compradores extranjeros, o

sean más competitivos en el mercado global, lo que puede aumentar la demanda de exportaciones. Por ejemplo:

  • Si hay una devaluación del Euro en 25% respecto del Dólar, significa que,
  • Antes de la devaluación 1 Euro= 1,20 US$ (por ejemplo),
  • Después de la devaluación 1 Euro= 0,90 dólares (25% menos),
  • En ese caso el precio de un auto en Francia (por ejemplo) sigue siendo el mismo en euros pero su valor en dólares disminuye,
  • Si el auto valía 8.333 Euros (10.000 US$ / 1,20 US$ x euros) antes de la devaluación,
  • Después de la devaluación el precio en euros sigue en 8.333 pero en US$ equivale a 7.500, o sea 8.333 x 0,90 US$ por euro).
  • En síntesis, la devaluación hace que el auto francés sea más barato para los compradores extranjeros que pagan en dólares lo que permite sin inconvenientes seguir pagando un arancel de 25% (por ejemplo) para exportar a EEUU.

Por eso los aranceles son sólo la primera fase de su plan maestro. Con aranceles elevados como nueva norma y con dinero extranjero acumulándose en el Tesoro, Trump puede esperar el momento oportuno mientras amigos y enemigos en Europa y Asia claman por dialogar. Es entonces cuando entra en acción la segunda fase del plan de Trump: la gran negociación (siempre bilateral).

¿Para qué? Para apreciar sustancialmente su moneda sin liquidar sus tenencias de dólares a largo plazo. Trump no sólo esperará que cada uno de los dos países reduzca las tasas de interés internas, sino que exigirá cosas diferentes a los distintos interlocutores. A los países asiáticos que actualmente acumulan la mayor cantidad de dólares, les exigirá que vendan una parte de sus activos en dólares a corto plazo a cambio de su propia moneda (y, por lo tanto, en apreciación). A una eurozona relativamente pobre en dólares y plagada de divisiones internas que aumentan su poder de negociación, Trump puede exigir tres cosas: que acepten cambiar sus bonos a largo plazo por bonos a ultralargo plazo o, posiblemente, incluso perpetuos; que permitan que la industria alemana migre a Estados Unidos; y, naturalmente, que compren muchas más armas fabricadas en Estados Unidos.

¿Se imaginan la sonrisa burlona de Trump al pensar en esta segunda fase de su plan maestro? Cuando un gobierno extranjero acceda a sus exigencias, habrá conseguido otra victoria. Y cuando algún gobierno recalcitrante se resista, los aranceles se mantendrán, lo que le proporcionará a su Tesoro un flujo constante de dólares del que podrá prescindir como le parezca (ya que el Congreso sólo controla los ingresos fiscales).

Una vez que se complete esta segunda fase de su plan, el mundo se habrá dividido en dos bandos: uno protegido por la seguridad estadounidense a costa de una moneda apreciada, la pérdida de plantas manufactureras y compras forzadas de exportaciones estadounidenses, incluidas las armas. El otro bando estará estratégicamente más cerca de China y Rusia, tal vez, pero seguirá conectado a Estados Unidos a través de un comercio reducido que todavía le proporciona a este país ingresos arancelarios regulares.

Como todos los planes bien trazados, esto, por supuesto, puede salir mal. La depreciación del dólar puede no ser suficiente para anular el efecto de los aranceles sobre los precios que pagan los consumidores estadounidenses, o la venta de dólares puede ser demasiado grande para mantener los rendimientos de la deuda estadounidense a largo plazo lo suficientemente bajos. Pero además de estos riesgos manejables, el plan maestro se pondrá a prueba en dos frentes políticos.

La primera amenaza política a su plan maestro es interna. Si el déficit comercial comienza a reducirse como está previsto, el dinero privado extranjero dejará de inundar Wall Street. De repente, Trump tendrá que traicionar a su propia tribu de financieros y agentes inmobiliarios indignados o a la clase trabajadora que lo eligió.

Mientras tanto, se abrirá un segundo frente. Al considerar a todos los países como radios de su eje, Trump puede descubrir pronto que ha fabricado disenso en el exterior. Pekín puede tirar la cautela por la borda y convertir a los BRICS en un nuevo sistema de Bretton Woods en el que el yuan desempeñe el papel de anclaje que desempeñó el dólar en el Bretton Woods original. Tal vez este sea el legado más asombroso del por lo demás impresionante plan maestro de Trump.

Notas

  1. Basado en el análisis de Yanis Varoufakis del 21/02/2025 https://www.youtube.com/watch?v=ZY8NllV9i_Y y https://cnnespanol.cnn.com/2025/02/13/eeuu/trump-auncia-nueva-ronda-aranceles-trax y https://cnnespanol.cnn.com/2025/02/10/economia/analisis-metodo-locura-arancelaria-trump-trax
  2. Al calcular qué tasa arancelaria recíproca se aplicará a otras naciones, Trump dijo que su administración también tendrá en cuenta las naciones con impuestos al valor agregado, que calificó como “mucho más punitivos que un arancel” Esto significa que países de la Unión Europea como Alemania, Irlanda e Italia –algunos de los mayores socios comerciales de EE.UU, podrían enfrentarse a tipos arancelarios más elevados.
  3. Los críticos centristas suelen ser en la versión de Varoufakis los que se oponen a las políticas económicas extremas tanto de izquierda como de derecha y quieren lograr un equilibrio entre libertad económica y justicia social.

Texto extraído del informe adjunto. Los gráficos y el formato original están en el archivo PDF.

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