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Opinión

George Orwell y Rosario

Por Lic. Ricardo Silvio Gallo ·


Informe de Rubén Echagüe del 31/10/21. El autor de esta nota recuerda la famosa novela de Orwell “1984” y la utiliza como disparador de una conclusión dolorosa, atada al avance del delito sobre la ciudad de Rosario. Narración que no es solamente una crónica sino una reflexión de como a veces el delito afecta de distintas maneras el comportamiento social según el contexto donde tiene lugar. Como dice el autor, la Rosario de estos últimos tiempos se ha encargado de transformar esa mera reflexión literaria en una premisa social, cultural y política demostrada ad nauseam. Leer el informe en el siguiente link:


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El autor de esta nota recuerda la famosa novela de Orwell "1984" y la utiliza como disparador de una conclusión dolorosa, atada al avance del delito sobre la ciudad de Rosario. Narración que no es solamente una crónica sino una reflexión de como a veces el delito afecta de distintas maneras el comportamiento social según el contexto donde tiene lugar. Como dice el autor, la Rosario de estos últimos tiempos se ha encargado de transformar esa mera reflexión literaria en una premisa social, cultural y política demostrada ad nauseam.

En su famosa novela 1984, George Orwell anota: “La verdad es que se sabía muy poco de los proles. No hacía falta saber más. Mientras continuaran trabajando y reproduciéndose, sus demás actividades carecían de importancia. Librados a sí mismos, como ganado suelto en las pampas argentinas (sic), habían regresado a un estilo de vida que parecía natural en ellos, una suerte de hábito ancestral.

Nacían, crecían en la miseria, iban a trabajar a los doce años, pasaban por un breve período floreciente de belleza y deseo sexual, se casaban a los veinte años, eran de mediana edad a los treinta y morían, en su mayor parte, a los sesenta. El trabajo físico pesado, el cuidado de la casa y los hijos, riñas triviales de los vecinos, películas, fútbol, cerveza y, sobre todo, las apuestas llenaban su horizonte mental. Mantenerlos bajo control no era difícil. Siempre unos pocos agentes de la Policía del Pensamiento se movían entre ellos…

No era deseable que los proles tuvieran sentimientos políticos fuertes… Los males mayores les pasaban inadvertidos… En Londres había un alto índice de criminalidad, todo un submundo de ladrones, bandidos, prostitutas, traficantes de drogas y estafadores de toda clase; pero como todo eso ocurría entre los proles mismos, no tenía ninguna importancia. En todas las cuestiones morales, se les dejaba seguir su código ancestral…”.

“Prole” es un neologismo inventado por Pablo Ingberg en su reciente traducción de 1984 para la editorial Losada, que intenta conservar el tono peyorativo con que, en su versión original, la novela de Orwell alude a los “proletarios”, y como el lector ya habrá adivinado mi propósito de aplicar este párrafo sorprendentemente profético a nuestra desdichada realidad local, me adelanto a responder algunas de las objeciones que ese mismo lector atento podría formularme…

A quienes argumentan que nuestros “proles” vernáculos no trabajan, sino que viven de jugosas dádivas estatales, les recordaría que el cirujeo callejero −una actividad que se suele emprender mucho antes de los doce años, aunque sea en calidad de pequeños y tristísimos acompañantes− no es precisamente una canonjía, como la que sí maman de la inagotable teta del Estado infinidad de prebendados políticos, y si tuviese que extrapolar a estas pampas eso de que “unos pocos agentes de la Policía del Pensamiento se movían entre ellos” −aun a riesgo de que se me tilde de cínico− no podría menos que evocar esas clásicas visitas que, en vísperas de elecciones, los políticos realizan a los barrios periféricos, para-interiorizarse-de-las-necesidades-de-los-vecinos, táctica cuya machacona reiteración y descarado oportunismo no parecieran hacerle perder eficacia nunca…

1 N. de E.: George Orwell (1903-1950) es un novelista, periodista, ensayista y crítico británico nacido en la India, conocido mundialmente por su novelas distópicas Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1950). 2 N. de E.: Rubén Echagüe (1948) es un artista plástico, escritor, crítico de arte, poeta y gestor cultural argentino. Desarrolló una intensa labor que volcó en numerosos catálogos, comentarios, ensayos y artículos de divulgación, publicados tanto en medios especializados como de difusión masiva. N. de E.: Publicado en el diario La Capital del domingo 31 de Octubre de 2021 https://www.lacapital.com.ar/cultura-y-libros/george- orwell-y-rosario-n2697674.html

Pero la verdadera perla del texto orwelliano que deslumbra por su vigencia, ya que resulta válida tanto para 1984 −año en que el autor sitúa la acción de su novela− como para este enrarecido 2021 nuestro, pleno de incertidumbres, intrigas, maquinaciones, arribismos y otros muchos fantasmas que no son nada fáciles de domeñar, es la frase que reza: “Pero como todo eso ocurría entre los proles mismos, no tenía ninguna importancia”.

Para decirlo con otras palabras: Orwell declara que el alto índice de criminalidad que asolaba a Londres, bajo un gobierno totalitario absolutamente deshumanizado y siniestro, por el solo hecho de “ocurrir” en el interior de un estrato social pauperizado y marginal, “no tenía ninguna importancia”. El corolario inevitable de tan revelador aserto es más que obvio: un crimen habrá de tener importancia o no, según el contexto social en el que dicho crimen tenga lugar…

Y yo creo que Rosario −la Rosario de estos últimos tiempos− se ha encargado de transformar esa mera reflexión literaria en una premisa social, cultural y política demostrada ad nauseam.

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Un homicidio que tuvo gran repercusión en la ciudad fue el de un exconcejal que había abandonado su banca a instancias de su propio partido, pero que tiempo después sería salvajemente asesinado, al parecer como consecuencia de un operativo orquestado desde una unidad carcelaria. El execrable atentado, que desgraciadamente nunca llegó a esclarecerse del todo, fue reivindicado como una suerte de magnicidio por los ex pares de la víctima en el Concejo Municipal, quienes reunidos casi “en pleno” convocaron a una dramática conferencia de prensa, exigiendo la pronta investigación del hecho y el rápido accionar de la Justicia.

El otro crimen que, con toda razón, hoy enluta a Rosario, es el de un joven arquitecto

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baleado ferozmente para robarle su automóvil , un horrendo episodio que, por lo visto, trascendió su paisaje habitual −léase: miserable−, arrebatándole la vida a un profesional apreciado y honesto, y que nada tenía que ver con el geográficamente muy bien delimitado “mundo del delito”.

Esta segunda tragedia, que se ensañó con “otro target” (al término lo extraigo de una nota periodística) del entramado social, generó multitudinarias marchas de protesta, divulgación del estado en que se encuentran las pocas ambulancias públicas disponibles, titulares exclusivos en los principales medios gráficos, enfáticas declaraciones por parte de la más alta dirigencia política y hasta el desacostumbrado expediente de gratificar con una recompensa millonaria a los que aporten datos certeros sobre los asesinos prófugos.

Reacciones harto demostrativa de la sana intención de hacer frente a esas prácticas aberrantes que ninguna sociedad, pretendidamente organizada, puede dejar de denunciar, combatir y sancionar, en el marco de la ley, con inexorable rigor…

Lo que no deberíamos olvidar, sin embargo, es que la despiadada guerra narco que, día tras día, se viene librando en los márgenes de la ciudad, es una sangría cuya estremecedora existencia ya se cuenta por lustros, quizá por décadas… “pero como todo eso ocurría entre los proles mismos…”.

Gráfico o imagen disponible en el informe en PDF.

4 N. de E.: El 14/7/2020, dos hombres llamaron a la puerta de la casa de San Nicolás al 3600 (Rosario) en la que vivía Eduardo Trasante, pastor y ex concejal por Ciudad Futura. Bastó con una mentira para poder ingresar al pasillo y después, arma en mano, forzar el ingreso a la vivienda. Ahí, una vez frente a Trasante, lo mataron con un disparo en la cabeza.

N. de E.: Se refiere al crimen del arquitecto Joaquín Pérez, perpetrado el 19 de octubre en el barrio de Arroyito (Rosario).

Texto extraído del informe adjunto. Los gráficos y el formato original están en el archivo PDF.

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