El ciclo político: año par, año impar
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Descarga · PDFBy Robert Plant-A
Anteriormente señalé que el Presidente se equivocó cuando dijo "lo peor ya pasó". Lo peor está pasando y es transitar los precios 2018 (dinamizados exponencialmente por los tarifazos) con los bolsillos de 2017, porque las paritarias no sólo buscan la caída del salario real (15%), sino además "demoran" en el tiempo hasta que se efectivizan, o sea que ingresan al bolsillo.
A juzgar por el clima social, la calle se ha puesto “calentita”, tan solo con ver las complejas negociaciones salariales de docentes y bancarios. La imagen del presidente no está en sus mejores momentos producto del eje tarifas-inflación-salarios reales.
2018, Argentina año par. No se vota ergo el gobierno no deja de meter carbón en la “locomotora de las tarifas”, que por su enorme injerencia inflacionaria está obligando al Central planchar el dólar en un tope de $20,50, vendiendo dólares para calmar las presiones devaluatorias.
El ciclo político de la economía nunca deja de ser un fuerte formador de opiniones. Esto es el ciclo político de la política económica que siguen los gobiernos ante un proceso electoral.
Cuando se acercan las elecciones, se suelen poner en marcha medidas de política económica que permitan conseguir el mayor número de votos para el partido gobernante, y alcanzar así su objetivo más importante: permanecer en el poder. En este sentido, la política económica se convierte en una “variable endógena” respecto del ciclo político, tanto en la proximidad como en la lejanía de unas elecciones.
En años electorales, Argentina años impares, el ciclo político señala que se suelen aplicar políticas expansivas y de mayor impacto sobre la masa electoral, por ejemplo, en incrementar el gasto público o rebajar los impuestos, dando así lugar a un sentimiento narcotizante de bienestar.
Cerca de las elecciones, por tanto, el ciclo político nos dice que se deben esperar políticas de carácter expansivo (mayor crecimiento económico e inflación y menor tasa desempleo), que ofrezcan una imagen de prosperidad.
En periodos postelectorales, en cambio, es necesario mandar los pecados al purgatorio. En ese sentido las decisiones económicas suelen ser contractivas, lo que suele traducirse en un menor nivel de crecimiento y empleo.
Otra medida postelectoral, según el ciclo político y particularmente en Argentina, son las devaluaciones de la moneda, que compensen la pérdida de competitividad de los bienes “transables” (campo y agroindustria en nuestro caso) por la mayor inflación preelectoral.
Visto así, el ajuste necesario después de las elecciones no es otra cosa que el pago por el relajamiento de la etapa previa a la consulta electoral.
En 2015, año de elección presidencial la inflación fue del 27,5% .
2016, primer año de la gestión “Cambiemos” la misma superó el 40%. Esta magnitud se debe principalmente a la devaluación de la nueva gestión del “30% en un solo día” (luego se dilató hasta el 40%) a efectos de liberar de restricciones (cepo) al mercado de cambios, una grave distorsión que la macro ya no resistiría considerando el bajísimo nivel de reservas y la decisión política de no endeudamiento externo.
Vale recalcar que la nueva gestión ni lerda ni perezosa, salió a toda máquina a los mercados financieros internacionales, a efectos de cambiar la estrategia de financiamiento del déficit fiscal, de emisión monetaria a endeudamiento. La cuerda se fue tensando y ahora el tema es “endeudamiento si, a este ritmo no……..”.
Sin todavía haber ingresado los anuncios de las correcciones tarifarias, y dado el traslado inmediato de la devaluación a los precios (pass through) se anunció en 2016 que en 2017 se pondría en vigencia un programa de metas de inflación.
Avanzado el año, en setiembre de 2017, el Central “ratificó” que las metas serían del 17% y 10%, para los años 2017 y 2018 respectivamente. La realidad fue que, a cachetazo limpio y con los trapos al sol, el 2017 culminó con una tasa de inflación del 24,8%, guarismo que a mitad de año ya anticipaban casi todas las mediciones privadas.
Asumido que en diciembre de 2017 la inflación sería mayor al 3% y anunciados los incrementos de los servicios energéticos, transporte y combustible el programa de metas tuvo que rectificarse sustancialmente, dejar en el olvido al “10” (Maradona o Messi, el que más te guste) y sustituirlo por un 15%. Ahora se observa que por la dinámica tarifaria, las mediciones privadas presagian en abril del corriente año que el índice 2018 no será menor al 20%, con mayor inercia durante el primer semestre, que concentra los ajustes tarifarios.
El proverbial de manejo del ciclo político en la historia no es reciente sin duda, así que gente, háganse la idea de que “habrá que pasar el inverno”……
7 abril 2018
Texto extraído del informe adjunto. Los gráficos y el formato original están en el archivo PDF.
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